Jijiji

Existe un viejo edificio en el barrio de Belgrano. Tiene diez pisos, dos ascensores y cuarenta departamentos. En el 5ºC viven Julieta, Tommy y Sara. La primera es una joven de dieciocho años, cabello oscuro y sonrisa perfecta. Su hermano Tommy, de veinte, tiene ojos marrón café y estudia abogacía en la facultad. Y por último, Sara es su madre. Una cuarentona soltera y atolondrada que este sábado por la noche, no se encuentra en casa.
Pero el que sí se encuentra es Santiago, el mejor amigo de Tommy desde que eran pequeños. Casi siempre está de visita allí. Tiene la cara pecosa y practica rugby.
En el departamento, la televisión está encendida, aunque nadie la está mirando realmente.
Tommy está fumando en el balcón y Julieta lleva a la mesa redonda de la sala, una bandeja de plástico con trozos de jamón, salame, queso, aceitunas, papas fritas, etc.
Su hermano apaga el cigarrillo y lo tira por la ventana. Se apresura a pinchar un trozo de jamón con el escarbadientes. Luego pone música y los tres se sientan a comer.
Santiago comienza a cantar la canción “Jijiji” a la par de la inconfundible voz del Indio Solari.
- Yo sé de qué habla esta canción – dice Julieta de pronto. Según ella, trata sobre un caso de violación que hubo en Mar del Plata hace algunos años. Lo había leído en una página de internet muy visitada. – Cuenta la historia – dice en tono misterioso – que cuatro amigas estaban de vacaciones. Cuando cayó la noche, tres fueron a una fiesta en la playa, pero una de ellas se quedó a descansar ya que no se sentía bien. En ese momento, alguien entra al hotel, la viola y luego la descuartiza, dejando sus partes mutiladas esparcidas por el suelo de la habitación. Cuando sus amigas volvieron, descubrieron el horrible crimen y la pared blanca estaba escrita con sangre “Gracias por no prender la luz”. Tétrico, ¿no? – dice con los ojos bien abiertos.
Santiago ríe de manera falsa y exagerada porque sabe que eso no es cierto. Según él, la canción habla de la catástrofe que ocurrió en Chernobyl. Lo explica en voz alta y luego agrega:
- Juro que es verdad. Mi primo fue una vez a un recital de Los Redondos, y me contó que el mismísimo Indio Solari lo confirma. ¿No prestaron atención? Cuando dice “El hijo tenaz de tu enemigo” es claro que hace referencia al primer ministro de la URSS, responsable de la explosión. El estribillo de la canción, “No lo soñé” indica que por más que parezca una pesadilla terrible, todo lo que pasó fue real. Y por último en la parte de “el montaje final es muy curioso2, está hablando de las personas afectadas.
- No, no no. Están muy equivocados – dice Tommy. – El amigo de mi tío es muy amigo del Indio Solari, y le dijo que la canción habla de la droga, la cocaína para ser más precisos, es una evidente metáfora de alguien que se encuentra a la deriva, en un estado de paranoia.
- ¡La cocaína no te deja en un estado de paranoia! – grita Santiago mirando con recelo. – Todo lo contrario, te hace sentir con energía, casi con… poder.
Los hermanos lo miran extrañados. Un silencio incómodo reina en la sala.
- Supongo que nunca sabremos con exactitud de que habla la canción – dice Julieta con un suspiro, mientras se mete en la boca el último trozo de queso que queda en la bandeja.
- Y eso es precisamente lo que me gusta de canciones cono esta. Cada uno puede interpretar lo que quiera, la verdad aun no fue dicha.
- tengo que irme – dice Santiago de pronto mientras toma su abrigo. – Es tarde.
Se despide de Julieta con la mano, y Tommy acompaña.
Bajan en el ascensor hasta la puerta de entrada del enorme edificio.
Afuera, el aire nocturno es pesado y frio.
- Una pregunta antes de que te vayas – dice Tommy pensativo. - ¿Cómo sabias lo de la cocaína?
Santiago se rasca la nariz con disimulo y se va silbando bajito.

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