Estoy sentando en el gran sillón de la sala, leyendo un libro, cuando de pronto...
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Un momento... ¿qué es eso?
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
¿De dónde viene?
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
¡Shhhh! ¡Alguien intenta leer aquí!
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
¿Qué mierda es eso? Suena como a un reloj.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Agudizo el oído, parece venir de la cocina.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Ah si, es aquel imbécil reloj de siempre.
¿Por qué me molesta tanto ahora?
Maldito reloj. Lo odio. Me odio.
¿Por qué lo compré?
Su imbécil tic-tac no me deja terminar el libro, y tengo que terminarlo.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Necesito apagarlo con urgencia, detener el ruido de mi cabeza.
Las palabras que intento leer parecen garabatos, se salen de las páginas.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Es taladrante, insoportable.
¿Por qué no puedo hacer que pare? ¿Cómo es que no lo noté antes?
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Suficiente. Tendré que sacarle las pilas.
Me acerco al reloj, lo abro y saco una, después la otra.
Ahora hay silencio al fin. Por fin algo de paz, calma, quietud.
Entonces vuelvo al sillón, vuelvo al libro. Sus palabras ya no se mueven, mi mente esta calmada.
Y de pronto...
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
Tic-tac, tic-tac, tic-tac.
¡No, no por dios! ¡Sigue ahí! ¡¿Cómo es posible?!
¡Por favor! ¡Hagan que pare o lo haré yo mismo!
Un momento... sí. Tomaré este cuchillo, el mas filoso y grande de toda la casa y lo apuñalaré. Acabaré con todo esto.
Me acerco lentamente hacia él, no debe oírme.
"No temas relojito, todo estará bien, muy bien".
Saco el cuchillo que estuve escondiendo en mi espalda, y lo clavo justo en el centro, donde sus agujas de juntan. Su vidrio se quiebra en miles de pedacitos. Parece como si dejara de respirar, puedo oírlo. Son sus últimos minutos, sus últimos tic-tac.
Y de pronto... silencio. Al fin silencio. Silencio infinito. Silencio en mi.
¡Ah! ¡Que felicidad!
De pronto alguien golpea a mi puerta, interrumpe mi regocijo. Debe ser mamá.
- Adelante - le digo.
Ella entra, se la ve sorprendida, abre la boca de par en par.
- ¿Qué acabas de hacer?! - grita.
- ¿Qué? ¿Qué hice? - pregunto.
- Acaso... ¿acaso apuñalaste la pared?
- ¡No mamá! ¡Es que el reloj...!
Ella me mira incrédula. ¿Qué es lo que no entiende?
- Hijo... ahí no hay ningún reloj. Vos jamás tuviste uno.
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