C-lon

Bajé del colectivo y esperé casi cinco minutos a que dejaran de circular autos. Entonces crucé. Revolví en el interior de mi mochila hasta encontrar las llaves y abrí la puerta de casa.
Tiré las cosas sobre la mesa y me disponía a ir al baño cuando de pronto oí un ruido. Me sobresalté por un segundo, pero luego recordé que probablemente fuera mi tía. Así que grité su nombre. Pero nadie respondió, lo cual no me sorprendió demasiado. Ella no escuchaba bien.
Rodeé la mesa del comedor y caminé con cansancio hacia dónde había provenido el sonido.
Entonces al entrar en mi habitación, la vi.
Dicen los expertos que hay tres formas de reaccionar ante el miedo:
La primera, paralizándote.
La segunda, correr.
Y la tercera, atacar.
¿Pero cómo se reacciona a la visión de alguien que es idéntico a uno?
Sentí como cada musculo de mi cuerpo se paralizaba, y tenía la boca tan seca que no podía gritar.
La cosa me miró. No encuentro mejor palabra para describirla: la cosa. Era idéntica a mí. Cabello dorado largo hasta la cintura, ojos azules enmarcados por unos anteojos negros cuadrados, labios cortados y resecos por el frío, manos en los bolsillos de un buzo violeta y jean deshilachado hasta el suelo, donde se encontraban unas zapatillas Converse negras.
Idéntica.
Sé que no tengo una gemela, aunque debo admitir que jamás se me cruzó por la cabeza esa posibilidad. Sabía que era una copia de mí, una muy buena copia.
Ella me miraba con malicia mientras yo luchaba por poder hacer algo, hasta que logre proferir un grito.
Entonces se abalanzó sobre mí, con una furia que jamás había visto. Me apretó fuerte los brazos y me tiró sobre mi cama, luego se sentó sobre mi pecho y comenzó a ahorcarme. Fuerte y más fuerte.
Pero si algo había aprendido de las películas de horror, era que los clones y los originales, tenían exactamente la misma fuerza. Así que también comencé a apretarle el cuello hasta que ella se detuvo. Le di un puñetazo en el estómago y mientras se retorcía de dolor, corrí hacia la puerta principal. Pero ella estaba tras de mí. Entonces, lo único que atiné a hacer fue entrar en la cocina y cerrar la puerta, que solo podía abrirse desde dentro.
El corazón me latía demasiado, parecía que iba a saltar de mi pecho de un momento a otro.
Comenzó a golpear la puerta con fuerza. Primero con el puño, luego con el pie, y más tarde con… ¿La cabeza? Así sonaba.
No tenía ni idea de donde había salido, ni como deshacerme de ella, pero tenía que actuar rápido, porque si se deshacía de mi primero, tomaría mi lugar. Iría a mi escuela, con mis amigos, luego volvería a casa a cenar con mi familia, e incluso tal vez le diera de comer al pez como si nada pasara. Nadie notaría un solo cambio.
“Actuar rápido” me dije a mi misma, y cuando se abrió una grieta en la puerta, supe que tenía que detenerla.
Recorrí la cocina con la vista, buscando cosas que pudiera usar: una escoba, la heladera, cacerolas, sartenes, fósforos…  Encendí tres fósforos seguidos y se los tiré por la grieta, que ahora era más grande. Ella simplemente se alejó para evitar quemarse, y luego estiró el brazo para llegar al picaporte. Tomé la escoba y golpeé su mano hasta que quedó morada. Pero parecía que nada funcionaba, no había manera de deshacerme de ella.
Entonces alcanzó la manija y abrió la puerta. Yo corrí hacia el otro extremo de la cocina, que serían dos metros más.
Tomé lo primero que vi que me serviría.
Corrí hacia ella con el martillo en la mano y comencé a golpearla en el brazo, al principio sin éxito, hasta que gimió de dolor. Corrió hacia el comedor buscando algo que pudiera lastimarme, pero yo fui más rápida.  
Le tomé el brazo y la tiré al suelo. Me senté sobre ella y comencé a golpearla en la cabeza. Me arañaba los brazos hasta hacerme sangrar. Pero yo seguía golpeando, fuerte, más fuerte. Hasta que de pronto se oyó un sonido extraño.
Algo roto. Su cráneo. La había matado. Había matado a mi clon. Le había roto el cráneo. Con un martillo.
Sus manos alrededor de mis brazos, cedieron y entonces vi como la sangre oscura manchaba el suelo. Solté el martillo, que cayó pesadamente a un costado, salí de encima de ella, me alejé.
¿Qué iba a hacer ahora? ¿Qué iba a hacer cuando llegara mi madre o mi tía?

Porque cualquier cosa es difícil de explicar, cuando hay un cadáver en el suelo.

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